
¿QUE HACER PARA QUE NO SE LLEVEN COMO PERROS Y GATOS?
Pareciera una relación imposible, pero con algunos resguardos, canes y felinos pueden ser buenos compañeros de vida.
(Por María Paz Carvajal)
Los gatos no siempre tienen que arrancar a la última rama del árbol, ni los perros quedar con un ojo menos. Aunque mantienen sus diferencias, ambas especies pueden vivir muy bien juntas.Si un can en sus primeros cuatro meses de vida fue correctamente socializado y tuvo contacto con felinos sin que haya resultado una experiencia traumática, no debería complicarse en caso de que en su adultez le llegue de regalo un gato como compañero de casa.Por el contrario, si nunca tuvo esa aproximación, tal vez le sea más difícil enfrentar la situación. "Eso tampoco significa necesariamente que lo vaya a agredir o que no puedan estar juntos; sólo que no lo tolerará mucho dentro de su ambiente, y puede que insista en echarlo o simplemente no tomarlo en cuenta", explica la médico veterinario y especialista en comportamiento animal (etología), Daniela Navarrete Talloni.La tarea de amistarlos no es fácil, pero tampoco imposible. A juicio de la doctora Navarrete, directora médica de la Clínica Veterinaria San Blas, la mejor estrategia es partir los primeros seis meses de convivencia con encuentros controlados diariamente. "Durante este período, nunca dejarlos solos. En un comienzo, presentarlos teniendo al perro o al gato sujetos para evitar riesgos (tratar de no encadenar al perro para no ponerlo tenso), y si se le acerca sospechosamente al felino, decirle por ejemplo 'no, cuidado'. Tampoco defender o acariciar demasiado a uno o a otro para que no surjan celos".Poco a poco hay que ir dándoles menos importancia a los encuentros y dejarlos interactuar con mayor libertad. Si ambos resisten esta etapa, prueba superada.
Por supuesto que también hay perros -generalmente los de razas cazadoras- que cada vez que divisan un felino se saborean e inician una furiosa persecución; con ellos probablemente no habrá técnicas de acercamiento que funcionen y, por la integridad del más chico, mejor ni siquiera intentarlo.Una vez que aprenden a compartir el mismo techo, curiosamente, el conflicto más habitual en esta dupla es la diversidad en sus modalidades de juego y estilos de vida. Oddie y Garfield lo saben muy bien.
"Los gatos juegan un ratito y duermen largas horas; los perros juegan y duermen un ratito, para seguir jugando. El gato eso no lo entiende y se muestra menos tolerante".(Hermano perruno)
Si el cachorro es quien llega a la casa de un gato adulto, no hay tanta dificultad, pues el novato se adapta rápidamente. Y es que el felino impone de inmediato sus normas y se convierte en un individuo dominante dentro de la jauría del perro.
Asimismo, pueden llegar a ser buenos amigos si se conocen de pequeños. Es más, los gatos que crecen con hermanos "perrunos" de cierta forma aprenden a aceptar mejor los juegos, 'cateteos' y brusquedades.Precaución, eso sí, porque de todas formas los gatos a veces se molestan y sus arañazos pueden ser dañinos. No se quedan, eso sí, enfrascados en peleas; a lo más le dan un manotazo al perro para aclararle que no están para jugarretas en ese momento y se van.Al revés, y en especial cuando no hay "moros en la costa", los canes también a veces acorralan, obligan a esconderse en los armarios más altos y enferman de estrés a cualquiera.Por eso, ya sea porque la relación de ambos no es de la mejores o porque uno es más inquieto que otro, los dueños deben procurar que el gato -que por naturaleza es territorial e independiente- tenga espacios propios. Allí podrá comer, descansar o huir, sin que llegue a molestarlo su vecino de cuatro patas.

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